Hoy en día siguen replanteándose las funciones del espacio público conforme a la remodelación que sufre la misma ciudad como ente físico y humano. Bien es cierto que desde los años sesenta del pasado siglo se fueron gestando diversos conjuntos de propuestas, a modo de contrarreacción a un modelo de ciudad que se iba configurando como una mole cargada de polución, insensibilidad y agresividad, que condenaba al ser humano al aislamiento, la asfixia y la fagocitación de sus ilusiones vitales. La ciudad contemporánea no era una ciudad feliz, era un criadero de dramas, un monumento a la inhumanidad y la explotación canibal. La ciudad se configuraba como un hervidero de tensiones, cuyos frutos negativos padecía el ciudadano de a pie. Por lo común, se derivaban de los intereses políticos o los intereses empresariales y su deficiente vertebración dentro de una ética comunitaria y una cultura de la dignidad humana. Mientr...
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